Lloviznaba en París y en San José de Costa Rica mientras la 94.7 hacía sonar "Posiblemente, si yo pudiera...".
El chofer del bus que nos llevaba hacia Puerto Viejo aumentaba el volúmen de su radio y yo disfruté el momento mientras el pequeño vendedor me ofrecía una lata de refresco.
Atravesábamos el bosque lluvioso y el paisaje nos bombardeaba con verdes exagerados que lastiman la vista a la vez que emocionan al más descreído.
Habíamos tocado tierra apenas en el aeropuerto donde nos fue a buscar Charlie Moreno y en menos de dos horas llegamos. Había sucedido ya el primer concierto.
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